Orientaciones a padres y madres

Desde los primeros años de la escolaridad hay que cultivar la motivación del estudiante, y convertir este elemento en algo que forme parte de su personalidad, una motivación intrínseca.

En la motivación intrínseca, la misma ejecución de la tarea bien realizada es el fin perseguido por el alumno/a que se siente premiado/a, valorado/a y realizado/a como persona.

Pero, ¿qué rasgos definen a una estudiante con motivación? Y ¿qué podemos hacer los padres para que nuestros hijos/as la tengan?

1. Preocupación por adquirir y desarrollar aptitudes, destrezas y habilidades necesarias para la comprensión y el dominio de los nuevos contenidos que han de ser asimilados. Debemos valorar siempre sus esfuerzos, reconocer sus méritos, darles ejemplo de preocupación por saber más y mejor, contagiarles la ilusión por adquirir más conocimientos, por leer, y por la superación constante de nosotros.

2. Aprovisionamiento continuo de la mayor cantidad de información relacionada con la tarea objeto de aprendizaje. Nuestros hijos/as deben ver que los padres ampliamos constantemente nuestros conocimientos, que siempre echamos manos de libros especializados (enciclopedias, diccionarios y obras de consulta), y que seamos nosotros mismos quienes les enseñamos a utilizarlos ya desde edad temprana.

3. Convertir la solución de problemas, la superación de obstáculos y el aprendizaje de materias difíciles en un reto personal. Nuestros hijos/as deben aprender de nosotros que no hay dificultad insalvable, si se ponen los medios adecuados, se actúa inteligentemente y si uno se empeña en conseguirlo.

4. Compromiso personal, en dos sentidos: responsabilizándose de todo lo que se refiere al logro de los objetivos marcados (determinación); y dedicando todo el esfuerzo a superarse cada día en el logro de mejores resultados. Los padres debemos dejar siempre bien claro que cualquier logro supone un compromiso personal serio que implica no dejar de intentar lo que nos hemos propuesto, pero esto sólo es posible si convertimos en nuestros aliados diarios, a la responsabilidad y al esfuerzo personal.

5. Gran confianza en sí mismo y autoestima centradas en un alto nivel de competencia y en la experiencia acumulada con constancia y esfuerzo. Hemos de fijarnos en todo lo positivo que tienen nuestros hijos/as y transmitirles constantemente la idea de que valen, sirven, son inteligentes y pueden lograr cuanto se propongan, si ponen tesón y el esfuerzo necesarios.

6. Curiosidad e interés siempre activados y a punto para descubrir, conocer y asimilar nuevos conocimientos. Nada mejor para un estudiante que haber aprendido de sus propios padres ese “hambre” de ciencia y sabiduría. El deseo de aprender más y mejor lo pueden transmitir a sus hijos/as todos los padres, no sólo los muy inteligentes o con estudios superiores.

7. Cuando llega el fracaso, el estudiante motivado intrínsecamente no se juzga a sí mismo como incompetente, lo cual le llevaría a dejar de esforzarse, sino que atribuye su escaso rendimiento a la falta de tesón y esfuerzo. Los padres no debemos dar a entender a los hijos/as que sus fracasos tienen como causa la falta de aptitudes intelectuales, esto los hundiría, sino por no dedicar el suficiente tiempo, atención y esfuerzo a las tareas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s